Dice Leiva en una de sus canciones que “Cada momento tiene
que ser especial” . Eso es lo que siente uno cuando pasa un rato con Roberto
Merhi. Sonríe constantemente, disfruta de cada instante, de cada momento que
vive dentro de esta burbuja llamada Fórmula1, aunque estoy convencido de que
también lo hace en cualquier situación que le presenta la vida.
Su caso es un caso extraño dentro de este negocio. A día de
hoy la mayoría de los pilotos que componen la parrilla cada domingo son pilotos
que aportan dinero gracias a sponsors, acuerdos de patrocinios etc. El caso de
Roberto es diferente.
Hace casi un año estaba en su casa sin saber que iba a hacer
con su carrera como piloto, parecía que el mundo del automovilismo se había
olvidado de él, de ese joven y talentoso piloto de pelo largo procedente de
Castellón. Sentado delante de su televisión veía la carrera de Australia del
2014, esa en la que destacaron tanto Ricciardo como Bottas, dos pilotos con los
que ‘Teto’ se ha peleado en pista desde muy jovencito y a los cuales ha ganado
en más de una ocasión. Me imagino lo frustrante que tiene que ser saber que
tienes el mismo talento o más que ellos y verte sentado de madrugada viendo
como otros se llevan los elogios.
Quizás ese tipo de situaciones a uno le hacen ser más fuerte
o simplemente venirte abajo, aunque creo que esta segunda posibilidad Roberto
ni la contempló.
El año pasado lo reclutó el equipo Caterham para hacer los
entrenamientos libres de Italia, Japón y Rusia, con el ánimo de subirle al
coche en alguna carrera, pero al final todo quedó en eso y se impuso una vez
más el dinero al talento.
Digo que el caso de Roberto es extraño porque un equipo como
Manor, con un presupuesto muy limitado, decide llamarle a él sin poner nada de
dinero antes que a cualquier otro piloto y eso quiere decir mucho, muchísimo.
Por ejemplo, su compañero Stevens aporta 10 millones de euros, lo que también
quiere decir que en el momento que aparezca alguien con algo de ‘cash’ el
puesto de Merhi en el equipo
quedará como mucho relegado a tercer piloto.
Si retrocediésemos al pasado, por ejemplo a los noventa,
Roberto Merhi sería una estrella, un piloto con carisma y del que estaríamos
orgullosos de él.
A veces uno se cansa de hipótesis y de soñar, pero que ganas
tengo de que llegue ese momento de ver pasar al monoplaza con el número 98 por
la recta de meta sonriendo y disfrutando de ese momento tan especial del que
hablaba Leiva en su canción.
Cuanta razon.
ResponderEliminarRoberto SIEMPRE me ha parecido un piloto enorme, pero sin nadie detras (dinero).
Un saludo.
+karreras-futbol
¡Qué grande!
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